Por Martín Gastellu

Finalmente se cortó la mala racha. Argentina había perdido 6 de las últimas 6 finales a las que había llegado. Y Brasil había ganado las últimas 7 que había disputado. No había que ser un genio para saber que no éramos favoritos. Es más, los que eran más optimistas, lo eran más por un sentimiento del tipo de “la mala racha no puede ser eterna” o porque “Diego nos cuida desde el cielo” que por confianza en las razones futbolísticas que fundamentaran esa confianza.

Tampoco corresponde que me cuelgue ninguna medalla por haber dicho que había una base sobre la cual se podía construir, más allá de la inmadurez del técnico y su equipo.

Porque al menos yo no pensaba que el equipo se iba a unir del modo que lo hizo e iba a tener la actuación granítica que tuvo hoy. Salvo 15 minutos, siempre sostuvo la presión y los dientes apretados. Yo me imaginaba un partido mucho más sufrido.

Este triunfo es hermoso, y se disfrutará de por vida, pero no sólo quiero dedicárselo a los brasileños. Después de todo, la rivalidad futbolera es linda, pero tiene algún grado de trivialidad. Me encanta ganarles. Punto. Es mucho y no es tanto. El mundo y la Argentina tienen problemas y cuestiones más serias. Y lo dice alguien recontra futbolero. 

Me dieron más ganas de gritarles el triunfo en la cara a los criticones, pesimistas y triunfalistas que tanto abundan en estos pagos que a los propios brasucas.

Que Messi es un perdedor, que Di María arruga y siempre se lesiona, que de donde salió el muerto de De Paul. Etc etc. 

Pues bien, Messi tuvo una Copa de excepción (hoy metió mucho pero se lució muy poco), Di María demostró que merecía titularidad, definió como los dioses y puso el 1-0 final. Y De Paul la descosió y demostró que es un jugador total. Corre, juega y marca.

Dibu Martínez tuvo una aparición de otro planeta, Otamendi recuperó mucho de su solidez y su liderazgo en el fondo de la defensa, y así muchos sumaron méritos.

Hoy la selección jugó la final como había que jugarla; con los dientes apretados y sin regalar una sola pelota. Aprovechó el error de Renan Lodi en la marca de Di María ante un pelotazo largo de De Paul, y el Fideo tiró un globito celestial por arriba del 1 de ellos. 

Como se dijo en esta columna, Scaloni está creciendo con el equipo. Y hoy acertó. Puso a Di María de entrada, arriesgó con Romero que venía entre algodones, y sobre todo, bancó a Paredes cuando ante un equipo con mucho juego todo indicaba que Guido Rodríguez era la opción más lógica. Y Paredes la rompió. Sobre todo en el primer tiempo. Y no en lo “suyo”. La final no dio para jugar tanto. Fue un partido para meter y no dejar agrandar a los brasileños. Y el 5 preferido del técnico se anotó en primera línea a la hora de poner pierna firme. 

Y cuando el equipo se veía superado por un Brasil mejorado por los cambios de Tité, los cambios equilibraron la balanza.

Es hora de festejar. No sólo por Messi. Es cierto que Lio había ganado demasiado poco para su categoría estelar. Y lo digo más allá de alguna visible caída de tensión de su parte  en algún partido trascendente. Merecía ganar algo importante. Y esta Copa ganada en la casa del propio pentacampeón del mundo es una buena recompensa. Al fin ¡¡

Pero también merece una alegría el pueblo argentino, tan sufrido. Y no solo por la pandemia. Es cierto, el fútbol no puede, ni debe tapar los enormes problemas que nos aquejan, pero una sociedad tan futbolera recibe con los brazos abiertos esta alegría/bálsamo.

De cara al mundial que viene, espero que este triunfo nos reposicione como cabeza de serie y nos permita esperar a Qatar 2022 con mejor ánimo y con la mochila más liviana.

Un párrafo aparte para esa imagen de Messi charlando con Neymar y Paredes post partido. Desdramatizar la derrota y sobre todo bajarle un poco los decibeles a la rivalidad es genial. Hermosa imagen que habla de humanidad, humildad y amistad. Otro símbolo para festejar.

A brindar con ganas, a disfrutar con tranquilidad, y a tomar el ejemplo del equipo para la vida misma. Más allá de las individualidades, esta final se ganó porque todos tiraron del carro sin distinción de rangos. Ojalá tomemos el ejemplo y mañana amanezcamos un poco más solidarios. De nuestros problemas salimos todos juntos o no salimos.

Vamos Argentina carajo ¡!

 

Hasta la próxima