UNA VÍCTIMA DE ETA Y UN EX PRESO, UNIDOS POR UN FUTURO DE PAZ Y CONVIVENCIA

ELORRIO SPAIN - OCTOBER 17 2017: Balcony with a estelada the unofficial flag flown by catalan independence supporters and a banner asking for the approach of the basque prisoners.
Rosa Rodero es la viuda de un ex jefe de la policía vasca asesinado por ETA y Josean Fernández un ex preso etarra que cumplió 22 años de cárcel por asesinato. Desde que se conocieron, hace unos cuatro años, comparten amistad y un objetivo: utilizar la palabra como herramienta para construir la convivencia rota en el País Vasco.
“Al principio te encuentras con una persona que crees que es tu enemiga, y estás expectante. Pero luego empiezas a hablar y te das cuenta que es más lo que te une que lo que te separa”, explicó Rosa a Télam, al rememorar su primer encuentro con Josean a fines de 2013.
Ambos habían sido convocados por el alcalde de un pueblo para una charla que pretendía abordar el conflicto del País Vasco, con la intención de avanzar hacia un proceso de paz.
La organización separatista llevaba ya dos años sin matar, tras haber anunciado el cese de su actividad armada, el 20 de octubre de 2011. Antes de ese anuncio, algunas víctimas de ETA y ex reclusos ya comenzaban a participar de los llamados “encuentros restaurativos”, con el fin de curar las heridas, pensando en un futuro de convivencia.
Pero Josean no había mirando nunca cara a cara a una víctima y Rosa era la primera.
“Tenía mucho respeto a la reacción que podría tener, pero decidí que debía conocerla a solas. Me causó una impresión totalmente positiva, porque es una persona cercana, agradable y fraternal. No observé ningún gesto ni actitud que me hiciera sentir mal, todo lo contrario”, sostuvo el ex etarra, quien fue excarcelado en 2006.
“Nos dimos cuenta que los dos desconocíamos muchas cosas que habían pasado de uno y otro lado. Y que hay víctimas que han sido reconocidas y otras no. Ella no sabía de las torturas, el aislamiento y las violaciones de derechos humanos de los presos”, añadió.
ETA mató al marido de Rosa, el sargento de la Ertzaintza (policía vasca) Joseba Goikoetxea, en 1993, disparado contra su auto cuando llevaba a uno de sus hijos a la escuela, en Bilbao.
“El dolor no te lo quita nadie, tampoco olvidas. Pero no quiero vivir odiando, y tampoco quiero trasladar a mis hijos ese odio. Eso es lo que nos inculcó mi marido”, remarcó Rodero.
En las charlas y debates en que participa, Rosa cuenta quién era su esposo, por qué lo mataron, y también su experiencia de los últimos años, de los encuentro que mantuvo con otras víctimas, en los que descubrió que “el dolor es común para todos y es lo que nos une”.
También habla de las incongruencias del conflicto vasco: “Durante la época franquista, mi marido estuvo en la cárcel por sus ideas y por pertenecer al Partido Nacionalista Vasco (PNV). En los años 70 convivió con los etarras, pero posteriormente con la democracia dejó la lucha armada, formó parte del embrión de la policía vasca y terminó asesinado por ETA”, relató Rosa.
“Yo quería informarme de todo lo sucedido, me junté con víctimas de todo tipo de violencia, porque también las hay de los grupos parapoliciales, como los GAL, financiados por el Estado, que causaron mucho dolor”, añadió.
“Lo hago porque tenemos que convivir, por mis hijos y nietos, y sobre todo porque quiero que ellos vivan en el país que su abuelo quiso crear para ellos”, insistió.
Josean Fernández, cuyo alias en ETA era Maguila, fue condenado a 29 años de cárcel por haber matado al empresario de Santurce, un municipio de la periferia de Bilbao donde él mismo residía, y por posesión de armas y explosivo.
No se arrepiente de su pasado como militante de ETA ni tiene necesidad de pedir perdón, pero se responsabiliza de las acciones y el daño causado por la organización separatista, a la que se unió con apenas 20 años.
Ahora, tras cincuenta años de violencia, con ETA disuelta de forma definitiva el pasado 3 de mayo, reivindica la palabra, el diálogo.
Por eso el domingo último estuvo en la televisión pública catalana TV3 y allí conoció a una víctima del atentado del 19 de junio de 1987 al centro comercial Hipercor de Barcelona, una de las mayores masacres perpetradas por ETA, que causó la muerte a 21 personas, entre ellos niños.
“En privado la miré a los ojos y le dije que lo sentía”, contó a Telam Josean, quien cree que aquel atentado fue un “error”, aunque en público argumentó su negativa a pedir perdón.
“En la reflexión global no tengo necesidad de pedir perdón, pero si me encuentro con una persona que sufrió, no tengo inconveniente de decir que lo lamento para avanzar en la convivencia”, aclaró.
“Lo que pretendo decir es que, viendo lo que pasó en perspectiva, y las consecuencias -el conflicto dejó 900 víctimas de las que 850 fueron causadas por ETA-, siento mucho no haber sido capaz de reaccionar de otra manera”, agregó.
Con el conflicto separatista catalán como telón de fondo, el ex miembro de ETA dijo que le “hubiese gustado tener la paciencia del pueblo catalán”, que no recurrió a la violencia.
Sus palabras generaron polémica, al punto que se acusó al canal de hacer “apología del terrorismo”. Pero él insiste en que lo que su intención es exponer su “experiencia vital, para que otros puedan conocer realidades que pasaron dentro del conflicto vasco”.
Josean se refiere a su incorporación a ETA como un aporte a la “lucha de liberación” del pueblo vasco, donde “hay personas que entienden que deben aportar desde la militancia en una organización armada”.
“La gente fuera del País Vasco está acostumbrada a ver a los que militamos en ETA como psicópatas, asesinos, mercenarios, pero luego, cuando te escuchan, se dan cuenta que detrás de esa militancia hay personas”, añadió el ex etarra, quien denunció haber sufrido torturas.
Para Rosa todo el sufrimiento causado debe ser reconocido. En su opinión, pedir perdón no es lo más importante, sino “escuchar y tratar de entender por qué unas personas tomaron la vía de la violencia, para no repetir los errores, de uno y otro lado”.
Las voces de Josean y Rosa no son una excepción. Sin embargo, el gobierno español sólo escucha a unas víctimas, las que no quieren ni oír hablar de reconciliación.