PARA EL FISCAL GENERAL DE EEUU EL ATAQUE RACISTA DE CHARLOTTESVILLE ES “TERRORISMO DOMÉSTICO”

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El fiscal general estadounidense, Jeff Sessions, dijo hoy que el ataque perpetrado el sábado pasado en la ciudad de Charlottesville, donde un joven neonazi atropelló con su automóvil a un grupo de antirracistas, matando a una persona e hiriendo a varias, debe ser considerado “terrorismo doméstico”.
“El horrendo ataque cumple la definición de terrorismo doméstico en nuestro estatuto”, afirmó Sessions en una entrevista en la cadena ABC, después de que su Departamento anunciara el fin de semana que abrió una investigación de derechos civiles sobre el suceso, informó la agencia de noticias EFE.
Si bien la importancia de que el ataque se declare “terrorismo doméstico” es más simbólica que práctica (esta denominación no agrava la pena ni acarrea penas adicionales), constituye una respuesta política para quienes denuncian que solo se usa esta palabra cuando el atacante es un musulmán.
Bajo la Ley Patriota (Patriot Act) ) aprobada tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, una violación de las leyes estatales o federales se encuadra en el delito de “terrorismo doméstico” cuando se efectúa, entre otras cosas, para “intimidar o coaccionar a una población civil”, por lo que el atacante, Alex Fields, de 20 años, puede ser juzgado bajo esa modalidad.
El atacante fue arrestado y acusado de asesinato en segundo grado, entre otros cargos, y comparecerá hoy en los tribunales.
La reticencia del presidente Donald Trump a criticar a los grupos de ultraderecha y calificar el hecho como “terrorista”, le granjeó críticas desde todo el arco político, incluso por parte de miembros del Partido Republicano, entre ellos el senador republicano Ted Cruz, quien llamó a denominarlo “terrorismo doméstico”.
En un intento por poner paños fríos a un nuevo frente de tormenta para la administración Trump, desde Colombia, el vicepresidente estadounidense Mike Pence, definió el ataque de Charlottesville como una “tragedia” que no refleja el pensamiento de su país.
Así lo señaló el vicepresidente en una rueda de prensa junto al el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, desarrollada en Cartagena de Indias al inicio de una gira por cuatro naciones latinoamericanas (Colombia, Argentina, Chile y Panamá) en la que subrayó que “no se puede tolerar el odio, la violencia de grupos neonazis, supremacistas blancos o del Ku Klux Klan”.
Pence, quien definió a esa ciudad del estado de Virginia como “una comunidad hermosa, una ciudad universitaria”, insistió en que “lo que sucedió allí no refleja lo que piensa el pueblo de Charlottesville, o los Estados Unidos en general”, y recordó que el presidente Donald Trump “condenó lo sucedido de forma muy clara”.
“El odio y la intransigencia que se vieron en las calles de Charlottesville no serán aceptados”, enfatizó.
“Estos grupos extremistas peligrosos no tienen lugar en nuestro debate político y los condenamos de la manera más contundente”, afirmó Pence.
Igualmente, citó a Trump para destacar la necesidad de que los extremistas “sean relegados y para que la mayoría de los estadounidenses que aman la libertad y la justicia para todos se unan” en torno a ese propósito.
Pence aprovechó la ocasión para manifestar su malestar con algunos medios de comunicación que, según dijo, muchas veces “critican más las palabras del presidente que la violencia generada” por extremistas.
Hoy, la canciller alemana Angela Merkel condenó el ataque y envió sus condolencias a través de su portavoz Steffen Seibert, quien dijo que la líder política “acompaña en el sentimiento a los familiares y amigos de esta mujer así como a los heridos a los que deseamos una plena recuperación”
Ayer, desde Israel, el ministro de Educación y principal socio de la coalición de gobierno israelí, Neftalí Bennett, pidió a Trump, una “condena inequívoca” contra el “antisemitismo” de las marchas supremacistas donde se mostraron esvásticas del régimen nazi.
Reino Unido se sumó también a la ola de rechazos internacionales tras el ataque, a través del portavoz de la primera ministra Theresa May, quien condenó “el racismo y el odio” y se deslindó de las declaraciones de Trump.
El sábado, miles de neonazis se habían convocado en el centro de Charlottesville para “unir la derecha” en torno a una protesta contra la retirada de una estatua en esa ciudad del general confederado Robert E. Lee, considerado un símbolo de la defensa de la esclavitud y el racismo que marcó la historia de Estados Unidos, aún presente hoy.
Poco después, el demócrata Mike Signer, alcalde de Charlottesville, fue el primer político relevante en condenar el hecho como un “acto de terrorismo en el que se usó un vehículo como arma”, en una entrevista concedida ayer a la cadena de noticias NBC.
“Corresponde al presidente Trump decir que ya basta”, interpeló Signer y vinculó el atentado con la campaña electoral del republicano el año pasado, una de las más abiertamente agresivas de los últimos años.
“Miren la campaña electoral que llevó a cabo”, destacó Signer antes de llamar a Trump a terminar con la creciente polarización política y la agresividad con la que se traduce en las calles.
Además de las declaraciones xenófobas que marcaron su campaña presidencial, Trump materializó ese discurso con designaciones específicas de personas vinculadas con sectores supremacistas blancos, principalmente su asesor especial Stephen Bannon y su fiscal general y secretario de Justicia, Jeff Sessions.
La cercanía ideológica entre el actual gobierno republicano y la extrema derecha supremacista blanca se pone de manifiesto en la persona de David Duke, el ex líder del Ku Klux Klan (KKK), un hombre que no sólo apoyó su candidatura el año pasado, sino que además calificó la manifestación del sábado en Charlottesville como “la concreción de las promesas de Trump”.