Por Alejandro A. Tagliavini*

         En agosto, las importaciones desde Brasil, según el MDIC, cayeron 48,7% i.a. El consumo minorista bajó 18,6% i.a., el Índice Construya tuvo una caída intermensual desestacionalizada de 5,5%, la producción automotriz bajó 37,5% i.a. y la recaudación del IVA se redujo en 6,7% i.a. reales. 

        Total, que los del REM que realiza el BCRA, como venimos señalando desde hace años, siguen corrigiendo sus pronósticos: de afirmar que el PBI en 2019 crecería -y en 2020 hasta el 3,5% anual-, el mes pasado esperaban una caída del 1,5% y ahora una contracción de 2,6%. Y,  para el 2020, pronostican una baja de 1,2%, lo que da una idea de lo poco creíble de sus pronósticos ya que es imposible saber qué sucederá el año que viene -por mucho “arrastre” que supongan- sin conocer el rumbo del próximo gobierno. 

       Uno de los errores más generalizados entre los del REM es el de confundir inflación con aumento del IPC. Un simple -pero didáctico- trader, Juan Martín, cordobés radicado en CABA, saltó a los medios por twittear sentido común -lo que le falta a los “expertos” que se pierden en elucubraciones racionalistas- y decir que nadie tiene “la bola de cristal ni una capacidad predictiva mayor al resto del mundo… El trader pasa más tiempo reaccionando rápidamente que adivinando el futuro”.

       En los negocios, gana quién reacciona rápido porque el mercado no puede anticiparse y, por tanto, no puede planificarse -así fallan todas las regulaciones estatales que son de suyo a priori- y, por tanto, la eficiencia se da en la respuesta refleja rápida, nunca en la planificación o anticipación. 

       Pues la inflación es la exagerada emisión en tiempo real, que puede o no trasladarse al IPC según el mercado decida espontáneamente. Por caso, nada tiene que ver con la inflación la escalada del 14% precio del crudo (Brent) debido a los ataques en Arabia y, sin embargo, se trasladaría a los precios de las gasolinas en un 4% a 5%, en unas semanas. Porque el costo de la materia prima -que tampoco es el crudo sino refinados- supone un tercio del precio en el surtidor, el resto son impuestos -50%-, costos de distribución y ganancias empresarias.

        Este error de confundir aumento del IPC con inflación lleva a creer que un aumento del dólar -que empujaría en un 40% al IPC- es inflacionario y por ello se imponen controles de cambio y de capitales que agravan la desinversión, lo mismo que la tasa de las Leliq que ronda el lunático 85%. A más controles, más quieren escapar provocando un aumento en los “dólares alternativos” que incidirán en el IPC. La brecha entre el dólar SIOPEL y el CCL ronda el 28% mientras que el dólar “rulero” -MEP- ronda un 19% por encima del MULC. 

        Hay que sumar que si el 1 de enero de 2020, por caso, no se renueva la tasa cero del IVA, subirá el precio de los trece productos elegidos. 

       Con el fin de mantener al dólar artificialmente bajo -aparentemente en torno a $ 56,20- el BCRA sigue “quemando” reservas. Según diversos analistas, descontadas de las reservas brutas el swap con China, los depósitos en moneda extranjera -encajes bancarios -, créditos con Bancos Internacionales y DEG, el BCRA tiene unos US$ 13.300 M y se podrían sumar US$ 7.216 M del FMI. Ahora, si restamos vencimientos de Letes sin reperfilar -US$ 5.750 M- y de bonos soberanos -US$ 5.613 M- al BCRA puede vender solo 1.937 M para contener al dólar. 

            Por otro lado, dentro de las reservas brutas están los encajes bancarios por los depósitos en moneda extranjera que caen fuerte -aunque en desaceleración- desde los US$ 32.503 M el viernes pre PASO a US$ 22.683 M, más de 30% en un mes, esto significa que de los US$ 16.000 M en el BCRA -50% de los depósitos por encajes- pre PASO, hoy quedan 7.950 M, cifra que alcanzaría para devolver depósitos por pocas semanas aun suponiendo una buena entrada por parte de exportadores.

          Por eso, de seguir con el modelo macrista irresponsablemente financiado por el FMI, la autorización para usar esos US$ 7.216 M del Fondo que están en las reservas y el desembolso de US$ 5.400 M pendiente solo servirían para postergar mayores controles -e incluso un corralito- que el gobierno, más temprano que tarde, se sentirá “obligado” a implementar.

         Otra cosa que anticipamos es que la recategorización a emergentes por parte del MSCI lucía desacertada pues, aunque Argentina cumplía teóricamente los requisitos, todo estaba atado con pinzas. Ahora, dada la imposición de controles de cambio, el MSCI inició un proceso de consulta -hasta el 13, y cuyos resultados se conocerían el 31, de diciembre- para definir si Argentina sale de la categoría de mercado emergente. Por un lado, las acciones argentinas que forman parte del índice no cotizan en el país sino en Wall Street y los controles de capitales podían no afectarlas, pero sí a los pagos de dividendos de empresas locales. Y la cosa empeorará cuando vengan más controles. 

         Por cierto, Argentina pierde el fuerte viento de cola. Por un lado, la Fed anunciaría mañana la rebaja de su tasa de referencia en 0,25% hasta el rango del 1,75-2% cosa que repetiría en diciembre hasta dejarla en el 1,5-1,75% por un período largo. Por otro lado, el 30% de los bonos de gobiernos y empresas del mundo tiene rendimientos negativos, o sea que los acreedores subvencionan US$ 17 B de deuda. Así, los emergentes deberían ser una buena opción para inversores, pero los desatinos de Trump, sobre todo con China, y la crisis argentina impulsaron la liquidación de activos de Mercados Emergentes. Por caso, el índice de renta variable MSCI Emerging Markets cayó 5% en agosto, quedando por ahora solo 6% arriba en lo que va de 2019, muy debajo de los dos dígitos en los mercados desarrollados.

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

@alextagliavini

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