Alejandro Colle

Cambiemos superó las expectativas más optimistas en las urnas de octubre. Venció por 4 puntos a la ex presidente Cristina Fernández en provincia de Buenos Aires, Elisa Carrió superó 50% de los votos en la ciudad, y el oficialismo se impuso claramente en otros 11 distritos, revirtiendo incluso algunos resultados de las PASO.

El mapa del país se pintó de amarillo, por los colores del partido del presidente Mauricio Macri, quien a partir de esos resultados tomó la decisión de imprimir una nueva dinámica al gradualismo en la gestión de su Gobierno. Y, además, pensar más allá de 2019.

El veredicto de las urnas disipó las limitaciones políticas de Cambiemos y el baño de popularidad que recibió la alianza habilitó la convocatoria a un amplio acuerdo nacional, con más de 150 protagonistas de la política, dirigentes, gobernadores, sindicalistas, empresarios y hombres de la Justicia. Prólogo, a modo de marco político, para lo que en los días siguientes fueron los anuncios específicos de las reformas impositiva, laboral y previsional.

Tal vez hablar de reforma sea demasiado ambicioso. En realidad, los grandes trazos de los cambios propuestos revelan que son más retoques en los gravámenes ya existentes que un nuevo esquema tributario o las normas que regulan el empleo y el sistema jubilatorio.

El objetivo de Macri es irreprochable. Es necesario, casi perentorio, bajar el déficit fiscal a un ritmo más acelerado, para reducir la dependencia del financiamiento externo, insostenible a mediano plazo. También lo es el generar las condiciones para la creación de empleo. En lo que puede haber reparos, es en la manera de encarar los cambios y respecto de la posibilidad de concretarlos.

Previsiblemente, los gobernadores están presentando resistencia a la reducción de impuestos, especialmente a los ingresos brutos, que en algunas jurisdicciones representa ¾ de la recaudación provincial.

Desde la producción surgieron voces de alerta respecto de la propuesta de modificación o aplicación de  gravámenes que modifican la ecuación del negocio y el retorno de las inversiones que, en muchos casos, se hicieron durante el gobierno de Macri.

Con los sindicatos, quizás el punto más áspero sea el relativo al cálculo de las indemnizaciones, más aún que los cambios a la ley de Contrato de Trabajo que tomó por sorpresa a la cúpula de la CGT.

El impuesto a la renta financiera para personas no suscitó resistencia entre los banqueros, tal vez porque creen que no llegará a aplicarse, en razón de su escaso aporte recaudatorio y porque choca con las cláusulas de emisión de los títulos públicos que se pretenden gravar.

Un dato que no debe ser pasado por alto es que muchos de los cambios propuestos necesitan ser aprobados por el Congreso. Hasta el 9 de diciembre, el Frente para la Victoria tiene 41 bancas en el Senado y el interbloque Cambiemos 16. A partir del día 10, Cambiemos pasa a 25 senadores y el bloque del FPV y el peronismo se reduce a 25. Será clave la negociación para llegar a los 36 legisladores necesarios para el quórum y uno más para aprobar las iniciativas.

En Diputados, la composición actual de la Cámara es de 86 legisladores de Cambie-mos y sus aliados, contra 72 del FPV y aliados. La asunción de los nuevos diputados dejará al oficialismo con 108 bancas, frente a 67 del FPV, 27 (37) del Frente Renovador y 25 (17) del PJ.

Los esfuerzos del Gobierno estarán centrados en la captación del voto opositor y especialmente, el peronista. No extraña pues, que en la comitiva del presidente Macri a Nueva York hayan sido invitados los gobernadores de Córdoba, Juan Schiaretti; de Santa Fe, Miguel Lifschitz; el entrerriano Gustavo Bordet, y el senador salteño, Rodolfo Urtubey, próximo a Miguel Pichetto. El gobernador neuquino, Omar Gutiérrez, se sumará a la delegación en Manhattan. El sanjuanino Sergio Uñac, declinó el ofrecimiento.

Sin duda, las críticas planteadas a las modificaciones fiscales propuestas que efectuaron otros mandatarios en Olivos serán parte de la agenda informal, tendiente a lograr los consensos básicos que posibiliten la aprobación del Presupuesto 2018, la prórroga de la emergencia económica, del Impuesto a los débitos y créditos bancarios, y el pacto fiscal con las provincias. Todo antes de fin de año.

La agenda formal está centrada en lo económico. Wall Street ya celebró el triunfo electoral de Cambiemos, y considera que ahora Macri tiene el camino allanado para avanzar con las reformas pendientes, en lo impositivo, en lo laboral, en lo político y en la reducción del gasto público y el déficit fiscal. El Presidente será escrutado en las reuniones que tiene programadas, con uno de los fondos más grandes del mundo, BlackRock, en el Council of the Americas, y en la entrevista con la agencia Bloomberg.

En esta suerte de road show de la nueva Argentina participan el ministro de Finanzas, Luis Caputo y el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger. Pero también los encargados de negociar los trámites parlamentarios, como el senador Federico Pinedo y el diputado Mario Negri. El objetivo, como en el Davos de 2016, es ofrecer una imagen de consenso, tendiente a aceitar el camino de las inversiones en el sector real de la economía.

En lo financiero, todo parece indicar que para el país las condiciones continúan siendo favorables, sin obstáculos para conseguir los u$s 35.000 millones que anualmente se necesitan para cubrir el déficit fiscal. El contexto ayuda. Donald Trump designó a Jerome Powell para reemplazar a Janet Yellen al frente de la Reserva Federal. Es un hombre de la FED, moderado, que adhirió a los programas de QE y lleva a suponer una continuidad en las decisiones de la autoridad monetaria estadounidense desde enero, sin sobresaltos en materia de tasas de interés.

El desafío está en lograr un aumento del flujo de inversión privada directa para dinamizar crecimiento y empleo. Tarea nada sencilla. Wall Street aplaudió el nuevo escenario argentino y el ocaso de CFK y su modelo populista. Pero necesita más. En una actitud tomista, más que iniciativas, los inversores estarían necesitando ver que los desequilibrios macroeconómicos van camino de ser corregidos y se tornan manejables.

Además de las modificaciones propuestas, que se plasmarán en un mega-proyecto de ley de más de 300 páginas, queda por resolver el problema de la inflación, que se resiste a bajar de 1,5% mensual, y el nivel del tipo de cambio, que debajo de 17 pesos por dólar no luce demasiado atractivo para los inversores.

En otras palabras, perciben un Macri más decidido. Ganó y demostró que quiere encarar los cambios. Ahora le piden que demuestre que puede lograrlo.