LOS CONFLICTOS DE TRUMP MARCAN EL RUMBO INTERNACIONAL

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Nadie puede mostrar más conflictos que Donald Trump en siete meses de su presidencia de los Estados Unidos: México, Irán, Australia, Corea del Norte, China, Europa y también Venezuela, pero en el plano doméstico se muestra débil con el “Rusiagate”.
Se comporta como una figura hilarante y recelosa, que regaña al presidente de México, Enrique Peña Nieto, por decirle a la prensa que su país no está dispuesto a pagar el muro que Washington quiere construir en la frontera entre ambos países.
“No puedes decir que no pagarás el muro”, dijo Trump a Peña Nieto en una conversación mantenida en enero, según informó el jueves el diario The Washington Post. El presidente estadounidense le habló a su par mexicano como si Estados Unidos fuera el amo del mundo.
Esta semana, el magnate enfrentó todo tipo de situaciones difíciles, entre ellas la decisión del fiscal especial, Robert Mueller, quien pidió la formación de un gran jurado para investigar la supuesta intromisión de Moscú para perjudicar a Hillary Clinton en las pasadas elecciones presidenciales de noviembre.
Pero fue en el plano internacional donde el mandatario norteamericano se mostró más irascible, después de promulgar una ley aprobada por el Congreso que endurece las sanciones contra Rusia, Corea del Norte e Irán.
“Nuestra relación con Rusia está en el punto más bajo y más peligroso de todos los tiempos. ¡Pueden agradecerle al Congreso, la misma gente que ni siquiera puede darnos salud”, dijo Trump, refiriéndose al fracasado intento republicano de derogar la ley sanitaria del ex presidente Barack Obama que benefició a millones de personas que no tenían seguro médico.
Irán es otro de sus escenarios preferidos. Las recientes sanciones no están dirigidas solo al programa nuclear iraní sino también a su desarrollo militar.
Si bien ratificó recientemente el pacto con Teherán, el líder republicano pidió a un equipo de la Casa Blanca que investigue si el gobierno persa violó dicho acuerdo firmado en julio de 2015 por el Grupo 5+1, formado por Estados Unidos, Francia, el Reino Unido, China y Rusia, más Alemania.
Trump ya dio pasos concretos para aislar a Irán, aliándose con Arabia Saudita, país al que vendió armas por 110.000 millones de dólares, y también con los sectores más derechistas de Israel que rechazan cualquier acuerdo de paz con los palestinos.
Sin embargo, la posible ruptura del acuerdo con Irán, sin tener una prueba fehaciente de que el estado persa no cumple con dicho pacto, podría significar un nuevo desprestigio para el gobierno estadounidense.
Con respecto a Rusia, surgió un critico impensable: Alemania, ya que Berlín insistió en que las sanciones contra el Kremlin afectan su seguridad energética, pues Moscú suministra gas a ese país.
Desde que asumió la presidencia, el pasado 20 de enero, Trump ha mantenido varias discusiones con líderes europeos, especialmente con la jefa del gobierno alemán, Angela Merkel, después de retirar a Estados Unidos del Acuerdo de cambio climático de París.
Con China, el jefe de la Casa Blanca tiene diferencias por el papel que cumple Beijing para controlar a su aliado Corea del Norte y sus ensayos con misiles balísticos que podrían alcanzar las costas de Alaska.
“Trump tiene muchos frentes abiertos, más allá de que le vaya bien económicamente. Y está complicado con el ´Rusiagate'”, dijio a Télam Adrian Zarrilli, doctor en historia y profesor de la Universidad Nacional de Quilmes.
“Por mucho menos que esto, Richard Nixon (1969-1974) tuvo que renunciar a la presidencia. Económicamente le iba bien. No tenía competencia en el mundo. El escándalo de espionaje Watergate fue mucho menor que esto que enfrenta Trump”, agregó.
Para Zarrilli, “el ‘Rusiagate’ está en la misma línea que el Watergate, pero es mucho más grave si se comprueba que Moscú interfirió en las elecciones norteamericanas”.
En este contexto, merecen un capítulo aparte las sanciones económicas impuestas por el Tesoro de Estados Unidos contra el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, a raíz de las recientes elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente (parlamento paralelo) que fueron rechazadas por la oposición de ese país.
Para este organismo estadounidense hubo una ruptura del orden constitucional en ese país sudamericano, donde existe una crisis humanitaria debido la escasez de medicamentos, insumos médicos y alimentos, según la organización Human Rights Watch.
Más allá de estas graves circunstancias, lo que parece claro es que Venezuela no es una democracia basada en los principios de las grandes mayorías que luchaban contra las dictaduras del Cono Sur en el siglo pasado, sino un gobierno que viola los derechos humanos y busca perpetuarse en el poder.
Las bravuconadas de Trump, sin embargo, pueden fortalecer a Maduro, el llamado “hijo de (Hugo) Chávez” que cada día está más aislado del resto de América latina.