El exiguo desempeño del comercio exterior de los últimos años refleja más allá de las dificultades que arrastra la economía argentina, la carencia de una política comercial externa que potencie la capacidad productiva y genere nuevas oportunidades comerciales.
Los datos de mayo muestran que la caída de las importaciones no solo no cede, sino que se profundiza, en línea con la depresión de la actividad económica que comenzó en 2018 y se profundizó durante las restricciones establecidas por el aislamiento.

En abril la actividad económica se desplomó 26,4%, con respecto al mismo mes del año anterior y acumuló una reducción interanual de 11% en enero-abril.Así, en un contexto en el que la producción y la industria demandan insumos importados para los procesos productivos, las compras externas arrastran 22 meses de retracción. Por ello, resulta llamativo e inexplicable que las normas de acceso al mercado de cambios y la política comercial restrinjan el flujo de aprovisionamiento de las actividades que siguen con pulso activo.Las importaciones argentinas en los primeros cinco meses de 2020 han retrocedido a niveles inusitados por lo bajos (US$ 15.990 millones).

La caída, además, es de un 23,8% respecto del mismo período del 2019. Este desempeño se deriva principalmente de una caída de las cantidades importadas (-19,4%), acompañada por menores precios de importación (-19,4%).

Todas las categorías de importación sufrieron retrocesos de dos dígitos en los primeros cinco meses del año en comparación con el mismo período del año anterior.Son datos que interpelan los argumentos por un lado, para no autorizar las licencias no automáticas (son más de 700 las observadas desde enero pasado) por parte de la Secretaría de Comercio y, por otro, las restricciones impuestas por el Banco Central en cuanto al acceso al mercado de cambios.


(Fuente: CIRA)