En su mensaje de la semana pasada, el Presidente de la Reserva Federal Jerome Powell transmitió con claridad que la política monetaria en Estados Unidos será lo suficientemente flexible como para compensar impactos negativos de corto plazo de los conflictos comerciales sobre el nivel de actividad/empleo. Ello se interpretó como una pausa y eventual reversión en las subas de tasas de interés implementadas recientemente como parte de la política monetaria de EEUU.

El efecto inmediato fue la apreciación de monedas respecto del USD, la recuperación de acciones y la compresión de spreads de deuda emergente, aunque con diferencias según países/regiones. Sin embargo, y más allá de la declamación del grado de adaptación que tendría la política monetaria en ese país, la extensión y profundidad de las disputas comerciales podrían más que compensar los efectos de ese acomodamiento, impactando a activos en economías más vulnerables. 


El gráfico muestra la evolución de la tasa del bono del Tesoro de Estados Unidos a 10 años (UST10) durante 2019. Desde febrero, y particularmente desde el 21 de mayo hasta hace 3 días, las reducciones en ese indicador indicaban reposicionamientos de portafolios movilizados principalmente por el flight to quality asociadas a crecientes tensiones comerciales, uso o amenaza de herramientas diversas que alterarían el movimiento de bienes, servicios, licencias y mecanismos de pagos entre países. 

Ante ese escenario, la Reserva Federal se inclinó a compensar en el corto plazo los potenciales efectos negativos que el escalamiento de los conflictos comerciales podría tener sobre el nivel de actividad. 


Al señalarse una probable rebaja del costo del dinero en USD frente a lo previamente esperado, el dólar contuvo su apreciación previa, los índices de acciones y spreads de deuda soberana sobre el UST de países y regiones seleccionados tuvieron una reacción favorable.  

La reacción de la Reserva Federal no revierte los efectos de largo plazo de una posible continuidad de guerras comerciales y derivados. Sin embargo, junto con el Banco Central Europeo señalan que en semejante contexto hay intenciones de mantener un sesgo laxo con tasas de política baja sobre esas influyentes monedas. Ello significa que ante un escenario creciente y persistente de “aversión al riesgo” se ponderan mucho más que antes las actuaciones y perspectivas positivas o negativas de países emergentes. En de esa categoría, Argentina está entre los de mayor volatilidad. En el país, las acciones serían las de mayor potencial de mejoras, siempre que la situación internacional y el contexto local se encaminen positivamente. 

(Informe: Quantum Finanzas)