FRUSTRACIÓN, TRISTEZA Y MIEDO EN UNA CATALUÑA ATRAPADA EN EL ENFRENTAMIENTO CON MADRID

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“Después del discurso del Rey me puse a llorar”. Elena Massa, de 33 años, siente mucha tristeza por lo que está presenciando en Cataluña, donde el gobierno regional del independentista Carles Puigdemont y el Poder Ejecutivo español de Mariano Rajoy se dirigen desbocados hacia un choque frontal de consecuencias inciertas.
“Cuando ves un gobierno que no tiene capacidad para entender, que no se pregunta el por qué y mira a su gente con desprecio, la decepción es brutal”, subrayó esta productora catalana, quien ahora está trabajando en Barcelona, pero vive en Berlín desde hace dos años.
La sociedad catalana percibe cada vez con más crudeza que está atrapada en una situación de bloqueo, sienten que las posibles salidas al conflicto de secesión de Cataluña que se ven en el horizonte son todas traumáticas.
Como contracara a la ilusión que se palpita en el seno del movimiento independentista, el miedo y la frustración crecen a pasos agigantados en gran parte de la población, especialmente entre los no secesionistas que están tironeados entre su oposición a la vía radical del gobierno catalán hacia la ruptura unilateral con España, y su repudio a la respuesta represiva del Ejecutivo español.
Para este sector de la población catalana, la violencia policial contra los votantes durante el referéndum del pasado domingo, bajo el argumento de que era ilegal, y el mensaje del rey Felipe VI advirtiendo a los independentistas de que no habrá salida dialogada tras haberse producido un “quiebre del orden constitucional”, hacen temer lo peor.
“Entendí que el mensaje del Rey era una ‘carta blanca’ al gobierno español para que haga lo que quiera, fue radical, y fue la confirmación de que Madrid es una administración lejana, que no entiende que así genera más rechazo. Mucha gente ya se fue, no quiere saber nada con España, es triste y desesperante”, dijo a Telam Elena, quien no es independentista.
Tras el referéndum del 1 de octubre, en el que una abrumadora mayoría de los 2,2 millones de catalanes -menos del 50% del censo- se pronunciaron a favor de independizarse de España, el parlamento catalán pretende materializar el próximo lunes una Declaración Unilateral de Independencia (DUI).
Respaldado por una lista de 900 heridos provocados por la represión, el presidente catalán reclamó una “mediación internacional”, pero la postura del Ejecutivo español y de sus socios de la Unión Europea (UE), con Alemania a la cabeza, sigue siendo que el conflicto catalán es un asunto interno de España que se debe resolver dentro del marco constitucional.
Con la DUI sobre la mesa, Rajoy adelantó ayer y reiteró hoy que no se sentará en una mesa con Puigdemont, ni tan solo para buscar un mediador, como propuso la coalición de izquierda Unidos Podemos, en un intento desesperado -el primero serio que incluyó contactos con partidos y la sociedad civil- por poner freno a la espiral de confrontación.
El escenario es desolador a los ojos de catalanes como Patricia, una emprendedora que el martes pasado participó de la movilización masiva llevada a cabo en Barcelona contra la represión al referéndum y cuya ideología es “No fronteras, no banderas, papeles para todos”.
“Se está llegando a un nivel de violencia inaudito, y me da mucho miedo”, sostuvo esta mujer que se dedica a organizar unas fiestas muy populares en el ambiente hipster de Barcelona.
“Estoy en contra de que Puigdemont quiera declarar la independencia porque está todo un poco con pinzas, pero se ve que aquí tanto a él como a Rajoy les interesa este conflicto, la violencia les beneficia y ninguno está dispuesto a parar”, remarcó Patricia, quien teme graves consecuencias.
En el otro extremo, hay mucha incredulidad, gente que vive completamente al margen de este conflicto y cree que no pasará nada. Chiara Cimino, una italiana residente en Barcelona, afirmó, por ejemplo, que “Puigdemont no se atreverá a declarar la independencia”.
En la empresa multinacional en la que trabaja el mensaje del directorio fue de “tranquilidad”, pero los dos principales bancos catalanes, Sabadell y Caixabank, ya están tomando medidas para contener los efectos de una eventual DUI, como es una salida masiva de capitales, trasladando sus sedes sociales -el lugar donde las instituciones financieras pagan impuestos- fuera de Cataluña.
En el imaginario colectivo, un “corralito” parece algo muy lejano, sobretodo para los militantes independentistas, que intentan no exteriorizar sus temores en medio del escenario de gran incertidumbre en el que se instaló Cataluña.
Confían en lo que dicen sus dirigentes, como el vicepresidente catalán, Oriol Junqueras, quien hoy aseguró que “no es verdad que se vayan las empresas” y afirmó que Cataluña registra un “récord histórico de inversión extranjera directa”.
Sin embargo, las personas que viven en la región empiezan a pagar las consecuencias del conflicto en carne propia.
“Me cancelaron el trabajo de toda la semana por el paro y nadie sabe muy bien qué va a pasar”, explicó Ángela Gallen, una intérprete cuyos clientes son empresas multinacionales y Congresos. “Esto parece ir a peor y me preocupa muchísimo”, añadió.
Son pocos, no obstante, los catalanes que se imaginan que el conflicto llegará a desembocar en un enfrentamiento violento en las calles.
“Estamos en una guerra, pero mediática. El vocero del Partido Popular (PP) en el Congreso, Rafael Hernando, dijo que aquí hubo un ‘paro filonazi’ y sólo por eso debería estar ante un tribunal, porque es inadmisible”, remarcó Eva Noguer Barroso, una joven independentista.
“Todo esto pinta muy mal, es verdad. Pero aquí y ahora estamos siendo tratados de una manera injusta. Democracia es poder decidir y queremos decidir nuestro futuro sin este tipo de agresiones”, destacó, pero reconoció que no hubo debate sobre las consecuencias que podría tener la declaración unilateral de independencia, que por estas horas amenaza con romper en mil pedazos la paz social en Cataluña.