Las lluvias registradas en los últimos días en el centro y norte de Santa Fe resultaron insuficientes para la demanda de agua útil de los cultivares y afectaron principalmente los de maíz, sorgo y girasol.
De acuerdo con el informe semanal que elaboran el Ministerio de la Producción de la provincia y la Bolsa de Comercio de Santa Fe, la falta de agua condicionó los trabajos de siembra de los primeros lotes de maíz de segunda, y los del inicio de la cosecha de girasol.
“Las altas temperaturas, el continuo aumento de la demanda de agua de los cultivos y las precipitaciones cuyos milímetros contabilizados no llegaron a cubrir dichas demandas hicieron que ante cada pronóstico o probabilidad de lluvias, el productor estuviera pendiente y maneje sus expectativas ante la campaña 2017-2018”, indica el trabajo.
Respecta del sorgo, uno de los cultivos más afectados por la falta de precipitaciones y elevadas temperaturas, los cultivares tuvieron una reacción positiva ante las lluvias ocurridas en los distintos departamentos, que se reflejó directamente en un mejor estado y coloración de los granos y provocó alivio a los productores.
El proceso de siembra logró hasta la fecha un grado de avance del orden de 90%, representando aproximadamente unas 55.800 hectáreas sobre una estimación de intención de siembra de 62.000 hectáreas.
En cuanto al maíz temprano, las características ambientales de la semana trajeron mejoras ante una preocupante situación de déficit hídrico que, sin embargo, “no llegó a incidir en cierto grado de importancia”.
Se estimó una disminución del potencial de rendimiento promedio del cultivo para esta campaña de entre 18 a 20%, “como consecuencia de la ausencia de precipitaciones y altas temperaturas diarias, en el comienzo y pleno período crítico de los cultivares”.
El 5% de la superficie sembrada se encuentra en estado regular a mal, sin evidente recuperación, un 35% regular a bueno y el 60% restante mostró estado bueno a muy bueno hasta la fecha.
En el caso del girasol, ante la falta de precipitaciones y la presencia de condiciones estables, comenzó el proceso de cosecha en los primeros lotes, en algunos casos con altos porcentajes de humedad de grano.
Se decidió continuar con la recolección ante los cuantiosos daños que produjeron y siguen produciendo las cotorras y palomas, con rendimientos promedio del orden de 20 quintales por hectárea.
En cuanto a la soja, “las precipitaciones registradas en la semana dieron un gran alivio al cultivo revirtiendo el panorama que se venía presentando, pues con el paso de los días aumentaba su demanda de agua útil” .
En tanto, la implantación de soja tardía o de segunda se vio beneficiada por las lluvias, que “dieron óptimas condiciones de humedad en la cama de siembra, generando continuidad en el proceso”.
Se estimó similar intención de siembra que la superficie ocupada en la campaña 2016/2017, que fue de 515.000 hectáreas, y un grado de avance hasta esta semana del 85%, representando aproximadamente unas 437.750 hectáreas.