EL EPP, UNA GUERRILLA QUE CRECE Y PREOCUPA A PARAGUAY

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Mientras las FARC se desarman y desmovilizan en Colombia luego de décadas de conflicto, otra guerrilla marxista, mucho más joven y cercana, crece y se expande silenciosamente, y acaba de batir el récord del secuestro más largo de la historia de Paraguay.
El Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), fundado en 2008, cobró fama en agosto pasado al matar a ocho soldados en un ataque con explosivos y fusiles, el más letal en años contra militares paraguayos, en una zona del departamento de Concepción, 500 kilómetros al norte de Asunción.
El hecho, ocurrido una semana después de que el presidente Horacio Cartes decretara la militarización permanente de Concepción y otros dos departamentos, donde viven 800.000 de los 7 millones de habitantes del país, provocó estupor y debate.
Por un lado, fuerzas políticas cuestionan cómo es posible que una misteriosa guerrilla de campesinos no pueda ser derrotada, mientras que periodistas, organizaciones sociales y muchos ciudadanos comunes dudan de su existencia y abrazan todo tipo de teorías conspirativas.
Para dar respuesta a tantas preguntas, un abogado, profesor e investigador se internó tres años en las zonas norteñas señaladas como de actividad del EPP, donde realizó entrevistas, recopiló documentos públicos y privados y mantuvo charlas formales e informales con los pobladores.
“La primera conclusión importante a la que llegamos es que el EEP sí que existe, y está creciendo”, dijo el abogado Juan Martens en declaraciones telefónicas a Télam.
“Actúa en 18 distritos de cinco departamentos -Concepción, San Pedro, Canindeyú, Amambay y Caaguazú- y tiene además estructuras de apoyo en Asunción y Alto Paraná”, agregó el especialista, máster en criminología y profesor de la Universidad Nacional de Pilar (UNP), de Paraguay.
La investigación de Martens y su equipo, presentada esta semana, es el primer trabajo académico sobre el EPP desde su origen en 2008 como una guerrilla marxista y “ambientalista” que reivindica expropiaciones y secuestros de empresarios, banqueros y estancieros de la zona en la que opera.
El estudio, financiado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), el equivalente al Conicet argentino, documentó 61 homicidios atribuidos al EPP desde 2008 -32 civiles,18 policías y 11 militares- y 114 ataques a infraestructuras de establecimientos ganaderos, policiales y militares.
Asimismo, el grupo secuestró desde entonces a 10 personas, tres de las cuales fueron asesinadas.Tres siguen de rehenes, incluyendo el joven policía Edelio Morínigo, cuyo cautiverio cumplió tres años la semana pasada y ya es el más prolongado de la historia moderna del país.
No se sabe cuántos integrantes tiene el EPP, y sus líderes y estructura jerárquica también son poco conocidos. Pero, por su radio de acción y por hechos como, por ejemplo, haber llegado a mantener a cuatro rehenes al mismo tiempo, el gobierno cree que tendría más de 500 miembros.
Martens dijo que el estudio comenzó con la hipótesis de que el EPP se financiaba con el tráfico de drogas, pero que el trabajo sobre el terreno no permitió confirmar que así lo haga, al menos en este momento, aunque no se descarta que lo haya hecho o recurra a ello en el futuro.
“El EPP tiene muchas otras fuentes de financiación, cuenta con dinero, y esa sería una explicación de por qué no están ahora vinculados con el narcotráfico”, declaró.
Según la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC), un cuerpo militar y policial creado en 2013 para combatir al EPP, la guerrilla maneja unos 3 millones de dólares que logró con secuestros y extorsiones a modo de “impuestos de guerra” pagados por hacendados para evitar ser atacados.
El grupo tiene presencia en una amplia y rica zona rural ganadera que limita con Brasil, caracterizada por grandes extensiones despobladas, escasa o nula presencia estatal y policial, depresión económica general, falta de servicios públicos y pobreza en caminos e infraestructura.
“El EPP se ofrece allí a los pobladores en reemplazo de un Estado ausente, planteando un cambio, el fin de la desigualdad en estas comunidades, prometiendo transformar las estructuras de la desigualdad en beneficio de la gente”, explicó Martens.
En su estudio, también profundizó en la “acción social” y de relación con la población del EPP, que, además de contar con un “sistema de reclutamiento” y “reclutadores” en distintos ámbitos, ayuda económicamente a los pobladores.
El vocero de las FTC, teniente coronel Víctor Urdapilleta, dijo a Télam que lograr el apoyo de la población de la zona ha sido una de las mayores dificultades que encontró la fuerza a la hora de combatir al EPP.
“Si la población colabora con nosotros corre el riesgo de tener una suerte de represalia por parte de estos terroristas. O sea que la mayor problemática es la de obtener la colaboración de la población, que es clave en la lucha contra este grupo criminal”, agregó.
El gobierno afirma que también es difícil combatirlo porque ha renunciado a la actuación en las ciudades y opera exclusivamente en una zona rural extensa, y porque sus integrantes se presentan como agricultores, se mezclan entre la población y se hace complicado detectarlos.
Martens, en cambio, cree que la respuesta oficial es “insuficiente” sobre todo porque se desconoce la verdadera naturaleza del EPP, además de no comprenderse el contexto social y económico y las deficiencias en las fuerzas de seguridad, que explican la vigencia del grupo.
“La reacción estatal se da con una fuerza de seguridad con un severo problema de corrupción, encargada de combatir un problema que por otro lado genera grandes negocios para los proveedores de un Ejército que compra constantemente armas, municiones y uniformes”, explicó.
“El 94% de los paraguayos teme al delito. El EPP se inserta en este contexto: pobreza, falta de Estado e insatisfacción de necesidades, todos elementos que disparan ese miedo que ya existe”, agregó, esperanzado en que su estudio sirva para adoptar una estrategia que funcione.