EL BROTE DE CÓLERA CRECE EN YEMEN Y LA CRUZ ROJA CALCULA QUE HABRÁ MÁS DE 600.000 ENFERMOS PARA FIN DE AÑO

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El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) pronosticó hoy que el brote de cólera que azota a la población de Yemen, la misma que desde hace más de dos años sufre una guerra y un bloqueo total de su vecino, Arabia Saudita, se duplicará y alcanzará a más de 600.000 personas para fin de año, es decir, uno de cada 45 yemeníes.
Durante el inicio de su visita a Yemen, que comenzó hoy y se extenderá durante los próximos cinco días, el presidente del CICR, Peter Maurer, aseguró que el país más pobre del mundo árabe vive “un brote de cólera sin precedentes que afecta a un preocupante, y creciente, porcentaje de la población”.
“Lo más trágico es que este brote de cólera es una catástrofe humanitaria causada por el hombre que podía prevenirse. Es una consecuencia directa de un conflicto que ha devastado la infraestructura civil y ha hecho colapsar todo el sistema de salud”, dijo Maurer.
“Este sufrimiento innecesario es indignante. El mundo se dirige sonámbulo a una tragedia aún mayor”, insistió.
Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) informó el viernes pasado que ya contabilizó 1.828 muertes desde finales de abril pasado a causa de esta enfermedad, que se expande en paralelo a una severa crisis alimentaria que está al borde de una hambruna masiva en Yemen.
Roger Gutiérrez, un médico que trabajó como coordinador de un proyecto de Médicos sin Fronteras en Abs, un pueblo rural en el noroeste de Yemen, cerca de la frontera con Arabia Saudita, describió cómo se combinan las dos crisis, la del cólera y la alimentaria.
“Muchos pacientes nos cuentan que tienen medios muy limitados, que los fuerzan a tomar decisiones muy difíciles, como por ejemplo, decidir si con la poca plata que tienen llevan a un miembro de la familia enfermo o desnutrido al hospital, o la usarán para alimentar al resto de la familia”, contó a la página web de noticias humanitarias Relief Web.
“Lo que está pasando en Abs resume el estado actual de Yemen. Después de dos años del conflicto, el país ha sido devastado. Muchos centros de salud no están funcionando o falta personal y equipos médicos. El sistema de salud colapsó”, concluyó.
Por su parte, la vocera de CICR en Sanaá, Sumaya Beltifa, declaró a la agencia de noticias EFE que están tratando con las partes en el conflicto para permitir que la organización tenga acceso libre a los lugares que visita, debido al bloqueo en algunas zonas por la coalición árabe, encabezada por Arabia Saudita.
A finales de marzo de 2015 y tras el triunfo del movimiento rebelde hutí sobre gran parte del país más pobre del mundo árabe, Arabia Saudita, uno de los más férreos aliados de Estados Unidos en Medio Oriente, armó una inédita coalición de 10 Estados árabes para restituir al presidente reconocido por la comunidad internacional, Abdo Rabu Mansur Hadi.
Desde entonces los bombardeos aéreos de la coalición regional y los combates en el terreno entre los rebeldes hutíes y sus aliados, y las tribus y las milicias pro Hadi convirtieron a gran parte del país en un campo de batalla.
En sólo 25 años, Yemen, un país de 26 millones de habitantes, sufrió una guerra civil, uno de los episodios más intensos de la llamada Primavera Árabe, un levantamiento armado separatista, una campaña de bombardeos de drones estadounidenses aún en curso y, ahora, este conflicto regional.
Los diversos focos de violencia en el país han sido uno de los mayores obstáculos para desplegar los medios sanitarios necesarios para contener la propagación de la enfermedad, que puede ser curada en el 99% de personas que logran recibir atención médica. La otra gran razón es el bloqueo de Arabia Saudita y la negativa de esta potencia petrolera al ingreso de trabajadores humanitarios.
Más de tres millones de personas han huido de sus hogares desde el inicio del conflicto en septiembre de 2014, y más de 20 millones necesitan asistencia humanitaria en todo el país, según la Cruz Roja.
Sin embargo, las grandes potencias siguen sin reaccionar y en muchos casos, como el de Estados Unidos, Reino Unido y Canadá, continúan vendiendo armas a Arabia Saudita.