DESIGUALDAD, JUBILACIONES Y REFUGIADOS, LAS PREOCUPACIONES ECONÓMICAS EN ALEMANIA

22
La creciente desigualdad en la distribución del ingreso en Alemania, una potencial escasez de mano de obra por el envejecimiento de la población, el sistema previsional y la llegada masiva de refugiados se instalaron como las principales preocupaciones económicas durante la campaña electoral de la principal potencia de la Unión Europea.
Los ciudadanos de la cuarta potencia económica mundial y la economía más grande de Europa elegirán el próximo domingo a sus autoridades federales y, según los sondeos, la actual canciller, Angela Merkel, será la ganadora y asumirá su cuarto mandato al frente del país.
Alemania registra desde hace siete años un crecimiento anual sostenido. En 2014 el Producto Bruto Interno (PBI) aumentó 1,9%, en 2015 creció un 1,7% y, el año pasado, volvió a escalar hasta un 1,9%.
Además, el Banco Central de Alemania (Bundesbank) prevé que, al cierre de este año, el PBI registrará un aumento superior a 1,9 puntos porcentuales.
Sin embargo, esta descripción de una economía en expansión tiene como contracara un incremento significativo de la brecha entre ricos y pobres, y una falta de flexibilidad del mercado laboral para absorber a nuevos trabajadores, una necesidad en un país con una población cada vez más vieja y que recibió sólo en 2015 alrededor de un millón de refugiados de Siria, Irak y Afganistan.
Según una reciente investigación del Instituto Alemán de Investigación Económica, el coeficiente de Gini, el indicador que mide la concentración del ingreso entre los habitantes -cero significa que todos los individuos tienen el mismo nivel de ingreso y uno, que la riqueza está distribuida en muy pocas manos-, creció significativamente en los últimos años en la máxima potencia europea.
En 2014, una investigación del Bundesbank confirmó esta tendencia al revelar que el 10% más rico de los hogares alemanes poseían casi el 60% de la riqueza neta del país. Inversamente, el 50% de los alemanes más pobres concentraban apenas el 2,5% de la riqueza del país.
Pese a que la distribución de la riqueza siguió siendo muy dispar, en términos absolutos, la situación económica de los alemanes mejoró. Según el estudio del Bundesbank, el patrimonio promedio familiar rondaba los 60.400 euros, lo que representa un crecimiento de unos 9.000 euros con respecto a 2010.
Atento a esta situación, el principal rival electoral de Merkel, el socialdemócrata Martín Schulz, advirtió en el único debate televisivo de la campaña electoral: “Alemania es un país rico, pero no a todo el mundo le va bien”.
Las cifras le dieron la razón. El año pasado el coeficiente de Gini escaló a 0,30, un aumento significativo desde el 0,25 registrado en 2005, año en el que asumió Merkel.
La advertencia de Schulz no es sólo una estrategia de campaña.
El año pasado, el jefe del Instituto Alemán de Investigación Económica y ex analista del Banco Central Europeo, Marcel Fratzscher, publicó “Lucha por la distribución”, un libro en el que sostiene que la idea del Estado de bienestar alemán no es más que “una ilusión” y que la llamada “economía social de mercado” alemana ya no existe.
Mientras la creciente desigualdad es uno de los puntos débiles de los 12 años de mandato de Merkel, la gradual reducción de la desocupación es una de sus banderas más fuertes.
Cuando la líder conservadora asumió el poder en 2005, el Estado alemán tenía registrado a unos cinco millones de desocupados; hoy, esa cifra se redujo a la mitad. En 2016, la tasa de desempleo fue del 4,3%, el nivel más bajo de los últimos 25 años.
Pese a esta tendencia prometedora, el gran desafío para el próximo gobierno es ampliar aún más el mercado laboral para permitir la integración de los más de 1,3 millones de refugiados que llegaron desde 2015 y que desataron el mayor crecimiento electoral de la extrema derecha desde la posguerra.
Grupos y fuerzas ultranacionacionalistas y racistas vincularon la llegada masiva de refugiados con el aumento del desempleo en algunos distritos en particular, como algunos bastiones de la antigua Alemania Oriental comunista. Además, responsabilizaron a los recién llegados por la degradación del antiguo Estado de bienestar.
Al mismo tiempo, el próximo gobierno alemán deberá frenar el envejecimiento de la población que padece el país hace unos años.
Este cambio demográfico que enfrenta Europa Occidental en general y Alemania en particular puede conllevar a un aumento del gasto público destinado al sistema previsional, otro tema sensible para el mandato de Merkel.
La semana pasada Merkel aceptó preguntas de ciudadanos durante un programa de televisión y pasó un mal momento cuando una trabajadora de limpieza de un hospital con 40 años de aporte le preguntó si le parecía justo que, cuando se jubilara pronto, recibiera una pensión de 654 euros.
La canciller tuvo un ida y vuelta con la mujer, pero finalmente tuvo que aceptar que la injusta situación y reconocer que, si vuelve a ganar, no reformará el sistema previsional: “No puedo prometerle algo que no podré cumplir”.