CONTROVERSIAS EN EL SECTOR INMOBILIARIO POR EL PROYECTO DE REFORMA DEL CÓDIGO URBANÍSTICO PORTEÑO

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Las modificaciones al Código de Planeamiento Urbano propuestas por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires generaron fuertes controversias en el sector desarrollador e inmobiliario, debido a que la iniciativa establece alturas máximas de construcción para respetar la identidad de cada barrio.
Armando Pepe, titular del Centro de Corredores Inmobiliarios de la ciudad, consideró que “las modificaciones del código que plantea este anteproyecto son bastante complicadas. No se van a poder construir edificios de más de siete pisos excepto en lugares, por ejemplo, como avenida Libertador”.
“Quieren estirar, achatar la ciudad y no se podrían construir edificios de 15 pisos entre medianeras”, expresó.
No obstante, apoyó la idea de que en un mismo barrio se satisfagan todas las necesidades de los vecinos y ejemplificó que “gente de los barrios de Caballito o Belgrano no sale de su jurisdicción y evita venir al centro de la ciudad” por los inconvenientes de tránsito.
En relación a la eliminación de los cálculos de FOS y FOT que relacionan el valor del terreno y la superficie edificable, Pepe dijo que “vamos a tener que estudiar de nuevo” las formas de calcular ese valor.
A su criterio, el código debe ser actualizado pero “no de manera tan radical”.
En tanto, el desarrollador Gustavo Ortolá, miembro del consejo directivo de la Asociación de Empresarios de la Vivienda (AVE), dijo que “aún no tuvimos participación en la definición” de los cambios del Código que pasará a llamarse Código Urbanístico.
“Apoyamos las políticas nacionales promotoras del crédito hipotecario, de la baja de impuestos a los ingresos brutos que aminoran las cuotas de los préstamos, pero este plan de hacer una ciudad bajita para mantener una morfología en verdad complica la cuestión”, aseveró el empresario.
El proyecto de nuevo código propone establecer alturas máximas de construcción para respetar la identidad de los barrios, promueve una ciudad policéntrica que atraerá comercio y servicios a los barrios, se prioriza la movilidad peatonal y se revalorizan las zonas subdesarrolladas, según el Ministerio de Desarrollo Urbano y Transporte de la ciudad.
Por su parte, Mario Gómez, corredor inmobiliaro miembro de la comisión directiva del colegio profesional capitalino Cucicba, dijo a Télam que esa entidad está trabajando junto al gobierno de la ciudad en la redacción del nuevo código donde se alienta “el desarrollo de zonas más postergadas como el corredor del Riachuelo o de la avenida General Paz”.
“En la ciudad sigue habiendo tierras disponibles pero todo el desarrollo inmobiliario se concentra en el corredor Norte que va desde Puerto Madero a Núñez y hace que esas zonas se encarezcan”, indicó.
A su criterio, en la actualización de este Código que no se moderniza desde el año 1977 “irán participando todas las fuerzas vivas de la ciudad, priorizando que la gente camine por sus calles y que se extiendan los comercios de proximidad. Todo esto nos obliga a pensar en qué ciudad queremos vivir”, reflexionó.
“Hay que definir zonas para que los desarrolladores inmobiliarios puedan trabajar”, propuso por su parte Ortolá y ejemplificó que entre esas zonas se pueden incluir el sector del ex Tiro Federal, la Isla Demarchi y la zonas de las viejas cárceles.
Otra de las iniciativas del nuevo código es que desaparezcan de la vista las medianeras y que se cree, por ejemplo, una urbanidad morfológica, con una manzana compuesta por inmuebles de cuatro pisos.
“Eso daría mayor uniformidad a la construcción” y en el caso de las esquinas tendrían “mayores posibilidades de construcción para completar el entramado urbano”, opinó Gómez.
El código actual tiene una antigüedad superior a los 74 años y no incorporó las nuevas tecnologías que se desarrollaron en las últimas décadas, desde el punto de vista de la sustentabilidad y el consecuente acortamiento de tiempos y costos.
Para el analista inmobiliario Damián Tabakman, en la propuesta del nuevo código “no se tomó en cuenta al desarrollador y se dejó a la ciudad con su fisonomía actual, para que permanezcan los barrios con las actuales alturas y no existan alturas significativas”.
Para el arquitecto, una altura máxima de 60 metros hoy en día “no es una torre. Es una medida de hace 50 años. Se alienta la homogeneidad pero lo interesante es la diversidad”, opinó
No obstante, admitió que el código se encuentra en pleno proceso de “maduración”, con “mucho apoyo vecinal, mucho sustento teórico urbano”.
“Es un código muy debatido, opinable que genera controversias porque va a contramano” de la construcción de las torres, opinó.
El código es debatido en diversos foros con participación ciudadana, mientras que el debate en la Legislatura porteña se estima que tendrá lugar a fin de año.
“Es una ley de doble lectura. Se debatirá en el recinto, habrá una audiencia pública, una segunda lectura y una aprobación final”, aseguran en el Gobierno de la Ciudad.