CHINA APUESTA A LOS PAÍSES EN DESARROLLO Y REDEFINE EL TABLERO MUNDIAL

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Con la oferta de 500 millones de dólares de Beijing para consolidar el fondo del eje sur-sur y potenciar a los países de economías en desarrollo, el presidente chino Xi Jinping intentó hoy reequilibrar su posición en el tablero político mundial durante el cierre de la IX Cumbre de Brics en la sureña ciudad china de Xiamen.
“China proporcionará 500 millones de dólares en ayuda del Fondo de Asistencia de Cooperación Sur-Sur para ayudar a otros países en desarrollo a hacer frente a desafíos como el hambre, los refugiados, el cambio climático y la salud pública”, anunció el mandatario chino.
Durante la IX Cumbre de Brics, el bloque que reúne a las economías de China, Brasil, India, Rusia y Sudáfrica, el acento estuvo puesto en la “cooperación pragmática”; la seguridad y “la equidad internacional para que la globalización económica sea más inclusiva y abierta”, destacó en el cierre del evento el presidente chino.
El líder del gigante asiático le habló a sus socios, a quienes alguna vez el establishment financiero calificó como los principales mercados emergentes y potencias en vías de desarrollo. El objetivo del anfitrión, según dejó bien claro, es trazar un nuevo camino para remover un orden mundial desgastado.
Xi habló de “oportunidades de desarrollo” en una economía mundial cada vez más multilateral –otro término muy mentado por estas horas-, pero también mencionó “riesgos e incertidumbres” en un mundo donde el Acuerdo de París, el mayor consenso internacional para detener el cambio climático, “encuentra resistencias”, una referencia poco velada a la salida del presidente estadounidense Donald Trump de ese acuerdo.
“En algunos países, la tendencia a participar en la cooperación internacional para el desarrollo está disminuyendo y el efecto de desbordamiento de su ajuste de política se sigue fermentando”, remató Xi, en otra referencia poco velada al proteccionismo que defiende verbalmente Trump desde su campaña presidencial.
Durante la cumbre de dos días en Xiamen, dominó la idea de “cooperación sur-sur” pero también la de “diálogo norte-sur”, como una manera de marcar las diferencias entre las potencias internacionales consolidadas, principalmente las occidentales Europa y Estados Unidos, que abogan por un proteccionismo fronteras adentro frente a un bloque de países emergentes que bregan por una economía mundial abierta, con China, ahora, como su principal estandarte.
Como organizado anfitrión, China jugó su poderosa carta de segunda potencia internacional –hace tiempo en realidad dejó de ser emergente- y le pidió a los demás líderes del bloque “trabajar juntos para aprovechar las oportunidades”, apelar a una “reforma de la gobernanza mundial” y “reducir la diferencia económica entre el norte y el sur”.
Por eso, en medio de uno de los diálogos de presidentes, Xi habló de este aporte millonario a la cooperación sur-sur, que según la ONU, se refiere a “una expresión de solidaridad entre países en desarrollo basada en asociaciones horizontales y de largo plazo”.
Ese no fue el único aporte de la potencia que aspira a crear un contrapoder global liderando a las economías emergentes de todos los continentes.
Ayer también anunció una inversión de más 76 millones de dólares para el fondo de Brics y abrió así lo que él denominó “una nueva década dorada”.
“Hacemos hincapié en una economía mundial abierta e inclusiva que permita a todos los países y pueblos participar en los beneficios de la mundialización. Seguimos firmemente comprometidos con un sistema multilateral de comercio transparente, no discriminatorio, abierto e inclusivo”, declararon juntos los cinco líderes del Brics: Xi, el ruso Vadlimir Putin, el brasileño Michel Temer, el sudafricano Jacob Zuma y el indio Nareendra Modi.
Esta nueva cumbre del bloque tuvo además otra novedad. Fue la primera vez que se incluyó al llamado Brics Plus, un intento por expandir al foro a otras economías emergentes. Este año, el convite asiático fue para México, Tajikistán, Guinea, Egipto y Tailandia.
Después de diez años de haber tomado la decisión de unirse y crear el Brics, hoy China, Rusia, Brasil, India y Sudáfrica representan casi un cuarto del el PIB global, el 23%, y el 44% de la población mundial.
Sólo este año los cinco países invirtieron 197.000 millones de dólares en proyectos conjuntos y ahora van por más, según anunció el propio Xi, quien adelantó que buscarán reforzar “la cooperación económica, expandir inversiones y la conectividad financiera e impulsar la cooperación industrial”.
Uno de los ejemplos más concretos de este avance fueron los llamados escuchados en los últimos días para dinamizar el comercio electrónico como plataforma de intercambio entre los países del Brics.
En China, este tipo de compra y venta domina el mercado de las transacciones, de la mano de Alibaba, la mayor empresa de este tipo en el mundo. Por eso, la próxima parada de la gira china del presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, será la ciudad de Hangzhou, donde se encuentra la sede central de Alibaba, una de las citas centrales en su agenda.
Con un marco económico más aceitado en inversiones –mayormente chinas- y el funcionamiento del Nueva Banco de Desarrollo del Brics, ahora Beijing intenta robustecer la pata política del bloque en la arena internacional.
La punta de lanza de estos esfuerzos es “Una franja, una ruta”, la estrategia china para recuperar las antiguas rutas comerciales de la seda para desarrollar proyectos de infraestructura, comercios, energía y conectividad en tres contenientes y cuyo enlace “natural” es la ruta marítima que se conecta con América del Sur.
Meses antes de la cumbre del Brics, China fue anfitrión del primer foro de “Una franja, una ruta” y ambos proyectos deben entenderse como complementarios.