CATALUÑA FRENTE AL REFERÉNDUM INDEPENDENTISTA DEL 1 DE OCTUBRE

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Rosa lleva más de 20 años aportando su granito de arena a la causa independentista con su puesto en La Rambla de Barcelona y nunca tuvo la sensación de estar tan cerca de alcanzar su sueño como hasta ahora, que Cataluña se encuentra a las puertas de un referéndum de secesión prohibido por la Justicia española por ilegal.
“Ahora sí, el 1 de octubre creo que iremos a votar y será un éxito del independentismo. Hay mucha gente cansada, nos insultan, es un círculo vicioso, no nos podemos entender con ellos, usan solo la fuerza”, dijo a Télam esta mujer que comenzó a participar del movimiento independentista cuando España recuperó la democracia, defendiendo lengua catalana tras la “opresión” sufrida durante la dictadura franquista.
Como casi cada domingo, Rosa Marull i Pujol arma tranquilamente su puesto y se prepara para pasar todo el día en la principal vía turística de Barcelona, donde vende todo tipo de merchandising independentista, desde camisetas, llaveros, pulseras hasta encendedores y banderas, que se produce en China.
“Para mi hacer esto significa hacer un trabajo para el país, para Cataluña, hacer como una especie de propaganda de la independencia. Y decirle a mucha gente que Cataluña es una nación, y durante muchos años fue independiente, que Cataluña no es España, significa eso”, remarcó.
Al igual que muchos otros independentistas, Rosa asegura que está defendiendo la libertad de su país ante la “ocupación española que ya dura 300 años”, de ahí que siente una “gran ilusión” frente al referéndum de “autodeterminación”, porque sus padres y abuelos “lucharon por la independencia y no la pudieron ver”.
El hecho de que los catalanes se encuentren más cerca que nunca de la ruptura con España es la consecuencia de un proceso de movilizaciones que se inició después de 2010, cuando el Tribunal Constitucional español, a pedido del conservador Partido Popular (PP) del actual presidente Mariano Rajoy, recortó la ley de autogobierno aprobada por el parlamento catalán, explicó Raül Romeva, el consejero de Asuntos Exteriores de Cataluña.
Otro factor decisivo, del que no hablan los independentistas, fue la combinación del malestar social por la crisis y la decisión de la elite política nacionalista en el poder de ponerse al frente del reclamo a favor de la secesión, lo que llevó a utilización del aparato mediático regional para tapar el fracaso de sus políticas de ajuste y la salida a la luz de casos de corrupción.
En el año 2015, se convocaron elecciones planteadas como un plebiscito sobre la secesión y la mayoría ganadora “dio el mandato al gobierno para hacer básicamente lo que en democracia se hace, que es establecer un procedimiento para que la gente decida cuál es el futuro que quiere para su país, si quiere ser un Estado o no”, subrayó Romeva.
Pero la coalición independentista Junts pel Si (Juntos por el Si), encabezada por Romeva, no llevaba el referéndum en su programa. Fueron sus socios minoritarios, los anticapitalistas de la Candidatura de Unidad Popular (CUP), quienes forzaron la iniciativa, ante la evidencia de que no podían avanzar hacia la ruptura con menos del 50% de los votos.
La negativa de Rajoy a negociar un referéndum pactado, por considerarlo inconstitucional, como era previsible, fue lo que después permitió a los independentistas justificar su unilateralidad.
Con su mayoría en el parlamento regional, los secesionistas aprobaron las leyes del referéndum y de ruptura, que de inmediato fueron suspendidas por el Tribunal Constitucional, al igual que la convocatoria para el 1 de octubre.
Sin embargo, el gobierno catalán siguió adelante con su plan y el Ejecutivo central desplegó la coerción para impedir la votación, incluso arrestando a varios altos cargos catalanes responsables del referéndum.
A pesar de los obstáculos logísticos, las querellas criminales y advertencias, Romeva insistió en que la votación se llevará a cabo: “¿Qué es lo que garantiza que puede haber un referéndum? Que tengas urnas, que tengas papeletas, que tengas censo, que tengas colegios electorales, y todo esto existe, todo esto está”.
“Pero sobre todo, lo que garantiza que un referéndum sea válido es la voluntad de la gente de querer votar. Es decir, si al final la gente no quiere votar, esto le quita mucha legitimidad al referéndum”, remarcó Romeva, quien, asimismo, insiste en la legalidad de la iniciativa, amparada en el derecho de autodeterminación.
En la vereda opuesta, Xavier García Albiol, el líder del PP en Cataluña, y la voz más dura frente a los secesionistas, también fue muy claro al afirmar que “el 1 de octubre no se va a celebrar un referéndum legal en Cataluña porque nadie mientras gobierne el Partido Popular puede celebrar una votación para decidir romper España”.
“El día que España tenga que dejar de ser lo que es lo decidiremos todos los españoles y no solo una parte”, sostuvo.
García Albiol subrayó que los independentistas viven en una “gran fantasía” y que su intención de “buscar amparo en la legalidad internacional” apelando al derecho de autodeterminación “es un despropósito y otra de las grandes mentiras”.
“Es un problema político, en el que plantearlo en términos jurídicos exclusivamente como hace el gobierno de España es un gran error, pero también es un error ignorar el derecho”, destacó Xavier Arbos, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Barcelona (UB), retratando un conflicto que por el momento no parece tener salida.
Mientras en el plano político la crisis catalana se sigue enquistando por la incapacidad de las dos parte para diálogar, hay muchos catalanes como Nuria Font, que se sienten incómodos ante este dilema planteado por los independentistas.
“La verdad me molesta un poco que me hagan elegir entre si soy catalana y española, porque yo me considero catalana y española, porque geográficamente Cataluña está dentro de España. A veces me molesta esta obsesión por la identidad. Porque la identidad es el ser humano, no de donde vengas”, explicó a Télam esta joven camarera y fotógrafa.
A pesar de que el movimiento secesionista es pacífico, la tensión escaló de forma acelerada en los últimos días tras un golpe policial al referéndum que desató movilizaciones masivas en Barcelona y el resto de Cataluña. A sólo unos días de la fecha marcada en rojo en el calendario, nadie sabe qué pasará. Pero mientras el Estado español recurre al legítimo uso de la fuerza, la solidaridad con los independentista, a quienes se les impide votar, va en aumento.