Hablaba horas atrás con un amigo y le decía “no lo veo Campeón a Lanús “. No era técnica o racional mi evaluación. Era intuición. Me parecía que iba a haber 2 sin 3. Lanús, que le había dado vuelta la serie tanto a San Lorenzo como a River, debía revertir el 0-1 de Brasil.

Honestamente, estuvo más lejos de lo que imaginaba. Sólo dió la talla en el primer tiempo en Brasil. Cuando Renato Portaluppi, el técnico de Gremio, ajustó la táctica en el entretiempo en Porto Alegre, ya no hubo equivalencias.

De todas maneras, en Brasil no lo superó en el segundo tiempo como sí lo hizo en la cancha de Lanús.

Pasando a los rendimientos en el partido de vuelta en la casa del Granate: Arthur, no es sólo un gran número 5. Es un motor de quite y distribución lujoso. Crack. Hoy, hasta que Pasquini lo cruzó feo y lo sacó, se comió la cancha. Luan, es un jugadorazo ( el mejor del Brasileirao ). Medio lagunero pero con una calidad bárbara. El segundo gol fue genial, más propio de un partido amateur por su desparpajo pero también por lo mal parado que lo agarró a Lanús. No por nada al conductor le acaban de renovar el contrato hasta el 2021, con una cláusula de rescisión de 50 millones de dólares,

Fernandinho jugó otro gran partido, y aprovechó un yerro feo del santiagueño Gómez en la mitad de la cancha, con todo el equipo volcado en ataque,  y corrió hasta fusilar a Andrada. Marcone lo acompañó desde atrás pero sin intentar cortarlo con un foul táctico como parecía recomendable.

Lanús salió atado, nervioso, y Gremio se paró bien arriba, para presionarlo y no dejarlo pensar. En general sus jugadores no hicieron un buen partido y fueron superados en todos los sectores de la cancha. El antes mencionado Gomez, ese lateral derecho que vino de Rácing y que hasta jugó en la Selección Argentina algún partido, hace rato que bajó su nivel considerablemente, y esta final no fue la excepción. Se equivocó casi todo el tiempo en las entregas.

Otro caso es Román Martínez. A los 34 años, se muestra lento, pero no sólo físicamente, sino mentalmente. Demora los ataques, y también se cansó de regalar pelotas y de dejar que la presión lo absorba. Ha sido un buen jugador, de tranco cansino pero de buen pie. Rápido de la cabeza y preciso en sus pases en varios momentos de su carrera. Eso no se vio en esta Copa. Ganas no le faltaron, pero no siempre alcanza con las ganas. Su tristeza una vez terminado el partido, era conmovedora según dijeron quienes cubrieron el campo de juego.

Cuando salió Arthur bajó el nivel del equipo Gaúcho, y de la mano de un enorme Sand, el único que no mereció perder la final, el Grana fue por otra hazaña. Levantó un poco Marcone, y Lautaro Acosta tiró el resto. A él le hicieron el penal que Sand convirtió en el descuento. Faltaban 10 minutos pero sólo hubo tiempo para que Luan casi haga otro gol picándosela al arquero Andrada.

Un gran aplauso para Lanús. Un equipo que perdió un par de jugadores de gran nivel (como le suele pasar a la mayoría de los equipos argentinos) como los paraguayos Gomez, y Almirón, y aún así se rearmó y con una propuesta futbolística atractiva, de juego asociado, pelota al pié desde su mismo arquero, que casi nunca apela al pelotazo, llegó a una final muy merecida, bajando a dos grandes como San Lorenzo y River.

Todo el pueblo futbolero quería que ganaran la Copa, menos unos cuantos hinchas de San Lorenzo, la mayoría de los de River , y todos los de Bánfield, su clásico rival.

Ahora todos los boletos apuntan a ver si Independiente se puede consagrar en la Sudamericana.

Superó en el partido de vuelta 3 a 1 a Libertad de Paraguay, en un partido donde no jugó brillante pero hizo lo necesario. Es más, ganó gracias a una virtud que no suele serle propia: convirtió las primeras 3 veces que llegó. Dos goles de un renacido Gigliotti y uno de penal de un Barco que no sólo es hábil sino que de a poco empieza a tener una lucidez que a sus 18 años podría bien no mostrar. Si convertía la jugada que hizo a lo Messi, era para cerrar el estadio. Va a durar poco el juvenil en Avellaneda. Ya se habla de 12 millones de dólares libres, para irse al equipo que dirige el Tata Martino en la MLS en Estados Unidos.

Volviendo al partido, el rojo sufrió el descuento de Libertad en una jugada de tres cabezazos en el área, pero terminó disfrutando después de sufrir un ratito porque un gol de los guaraníes lo dejaba afuera ( por el gol de visitante ).

Acá es importante. a mi juicio, destacar que Independiente a principios de año, estaba mal, muy mal. Gabriel Milito, ese enorme ex jugador con una buena visión del fútbol, no le podía agarrar la mano como técnico, pero sobre todo porque sus jugadores no le respondían en el campo, fuese por lo que fuese.

El club apostó por Ariel Holan, un hincha fanático del rojo, ex técnico de hockey sobre césped, que se metió en el fútbol de a poco, y que había revolucionado a Defensa y Justicia con sus tácticas, su pizarrón, sus drones para filmar las prácticas, etc. Tuvo coraje Holan. Sacó del plantel a una gran cantidad de referentes, como Vera, Pellerano, Victor Cuesta, el Marciano Ortiz, Germán Denis entre otros. Apostó a ir mechando a Barco, a Martín Benitez, a traer la experiencia de Erviti y Jonás Gutierrez. Potenció a ese jugadorazo que es Meza también. Y les inculcó de a poco su visión del fútbol.

Pero más allá de su valor como técnico y líder, desmostró coraje al denunciar la amenaza ( y el casi secuestro por unos minutos ) del líder de la barra de Independiente, con el fin de lograr que el técnico le dé plata para “viajes “. La dirigencia lo apoyó, el Barrabrava cayó preso, y Holan siguió con lo suyo: seguir puliendo un equipo ambicioso, vertical, que siempre piensa en el ataque y al que solo hay que agregarle mayor efectividad para aprovechar las chances que genera, y un poco más de tenencia paciente para defenderse con la pelota cuando es atacado y está en ventaja.

Veamos cómo les vá a los Diablos de Avellaneda en la final, y aplaudamos de pié a un Lanús que llegó pero al que no le dió el piné frente a un equipo superior.