A priori, el desafío de enfrentar a la Liga de Quito en los casi 2800 metros de altura de su cancha, parecía muy difícil. Sobre todo por el tema del déficit de oxígeno. Mucho programas de fútbol hablaban de traerse un empate, o de perder por poco y buscar la definición en la Bombonera, y de que hace 54 años que Boca no ganaba en Quito. Hasta el hecho de que fuese ecuatoriano el rival, traía malos recuerdos e imponía prudencia, dada la sorpresiva eliminación de Boca frente a los muchachos de Independiente del Valle (también ecuatorianos) en 2016.

Sin embargo, el partido fue extrañamente fácil para el Xeneise. Podemos hablar del mérito del técnico de parar a Alexis Mac Alister donde lo paró, del esquema que armó, del nivel de Marcone, del antes mencionado colorado, de Wanchope, de Salvio, de Capaldo, y de todos en general. Y hasta del poderío del Banco mostrado con el ingreso de Bebelo y eso que ni siquiera ingresaron Tevez y De Rossi. Podemos decir que el único que sufrió un poco fue Mas con algunas escaladas de Valencia que lo dejaron tirado en el piso. Podemos subirnos al triunfalismo habitual de la prensa (salvo honrosas excepciones). Podemos hablar del súper Boca como titula el principal periódico deportivo en una nota. Pero prefiero otra mirada.

A mi juicio los de Alfaro se lucieron porque LdQ jugó demasiado mal. Desconcentrados, mal parados, sin siquiera intentar agobiar a Boca para aprovechar la deuda de oxígeno. Su bajísimo nivel hace medio relativa cualquier conclusión demasiado positiva sobre el nivel real de Boca. Si como dijo el técnico hace unos pocos días, el equipo aún debe madurar, este resultado no debe engañarnos. Estuvo ordenado, e hizo un gran partido, pero ojo, despacito y por las piedras como dice el refrán. A no agrandarse que no se ganó nada. Se dio un paso muy importante, pero nada más que eso.

Me alarma un poco la verborragia con la que habló Alfaro hablando de los factores que cimentaron este rendimiento, que el óxido nitroso que tomaron los jugadores, de hombría, de hambre, de solidaridad  y no sé de cuántas cosas más. Yo le hubiese recomendado hablar menos. Ganaste. Callate y sobrevolalos. El hombre es dueño de lo que calla y esclavo de lo que dice… Ya va a haber tiempo para hablar si querés. Por ahora el equipo tiene que hablar por él. Hoy lo hizo bien. Pero tranquilos, bajo perfil. Hace nada perdimos en la Copa Argentina con Almagro….

Ya imagino a los hinchas del millo (millo ?), hablando de miedo, de apertura de paraguas, y de no sé cuantas chicanas más. Je. Vengan de a uno. 

Para que demostremos que somos un equipo ganador, le tenemos que ganar a ellos. Ganarle al Campeón de América. Y ganar la bendita séptima Libertadores. Ahí si le regalo un micrófono al técnico y que me explique tres horas seguidas como armó el Bocampeón. No nos dejemos llevar por la berretada de los que te elogian para subirte el ego sólo para que haga más ruido la caída si te toca caer. Uno tiene años viendo fútbol y leyendo mucho de lo que se escribe. A papá mono…

Ahora toca terminar la faena en la Bombonera después de enfrentar a Banfield en el Sur. Ojalá sigamos creciendo como equipo, y logremos pasar de ronda. Recién ahí nos pondremos a pensar en el rival de la semi. Sí, yo también quiero verlos otra vez enfrente nuestro. Y siempre los voy a querer enfrentar. Pero no dejemos que las luces de un buen triunfo sean potenciadas por los aduladores que guardan el puñal abajo del poncho y nos encandilen. Encandilarse es una muy buena manera de salirse del camino y pagarse el palo.