El PBI logró una suba del 0,6% i.a. en el segundo trimestre de 2019, por lo que estuvo lejos de compensar la caída de la primera parte del año (-5,6% i.a), concluyendo el primer semestre con una contracción del 2,5% i.a. En línea con este deterioro, según la Encuesta Permanentes de Hogares (EPH) la tasa de desocupación llegó a 10,6% de durante el segundo trimestre del año (+1 p.p. en la comparación interanual).

Sin embargo, la tasa de ocupación también creció y se ubicó en 42,6% (+0,7 p.p. i.a.). Esto implica un aumento de 2,7% i.a. en el nivel de empleo. Esta dinámica, a priori, que podría parecer incongruente, se debe a que al mismo tiempo se dio una expansión de la Población Económicamente Activa (PEA): los participantes del mercado laboral se incrementaron 3,9% i.a.

¿Por qué la economía se achica y el empleo crece?

La contracción de la economía durante la primera mitad del año induce a pensar que el nivel de empleo se debería haber movido en la misma dirección. Sin embargo, si bien la tasa de desocupación (10,4% de la PEA) creció en el primer semestre (+1 p.p. en relación a los primeros seis meses de 2018), esto no se correspondió a una caída en el empleo (+1,7% i.a), sino a una expansión de la PEA (+2,8% i.a.). Esto significa que entraron más personas al mercado laboral y no todas lograron conseguir un empleo.

La PEA creció por el efecto trabajador adicional. Esto ocurre cuando el miembro de un hogar cuyos sus ingresos reales familiares caen (durante la primera mitad del año el poder adquisitivo cedió más de 10% i.a.), y que en pos de recuperar al menos parte del ingreso perdido, tiene incentivos para salir a buscar empleo. Lamentablemente, considerando que durante el primer semestre el empleo asalariado formal en la población de referencia se mantuvo sin cambios en relación a al mismo periodo del año pasado, es probable que los “recién llegados” al mercado de trabajo -con menor experiencia o formación- hayan tenido como destino la subocupación y los puestos de trabajo de peor calidad. De hecho, esto es lo que parece haber sucedido: en un contexto de estancamiento del empleo de calidad, el crecimiento de la cantidad de ocupados se debe al avance de la informalidad y el cuentapropismo. Combinadas, estas modalidades -asociadas a una mayor precariedad y menores remuneraciones- exhibieron un incremento de 3,4% i.a. en la primera mitad del año.

En relación a esto último, los trabajadores pretenden obtener mejores empleos, con mayor seguridad laboral e ingresos, por lo que imponen, junto a la creciente masa de desocupados, una mayor presión sobre el mercado laboral. En este sentido, en línea con la caída de los salarios reales, desde fines del año pasado hay un aumento significativo de la cantidad de personas que demandan un empleo, dentro de los cuales se destacan los trabajadores ya empleados que buscan conseguir un nuevo puesto para apuntalar sus ingresos y/o abandonar la informalidad. Dicho de otro modo, pese a la mejora en el nivel de empleo, su calidad sigue en retroceso. El deterioro del mercado laboral es la principal causa detrás de la caída de la actividad.

¿Qué esperamos para lo que resta del año?
En el segundo trimestre de 2019, el PBI registró en la medición desestacionalizada un leve retroceso del 0,3% respecto al primer cuarto del año, acumulando dos trimestres consecutivos de estancamiento. De esta forma, aunque la recesión iniciada a principios de 2018 se detuvo en la primera parte de 2019, la actividad no mostró signos de reactivación.

La situación empeora aún más con las perspectivas para el segundo semestre del año. La tercera corrida cambiaria en la era de Cambiemos echó por tierra cualquier posibilidad de recuperación de la actividad en el corto plazo. La nueva escalada del tipo de cambio, la consecuente aceleración de la inflación y el aumento de la tasa de interés de referencia, rompieron el piso de la recesión logrado en la primera parte del año.

A diferencia de lo que se preveía antes de las PASO, el salario continuará perdiendo terreno frente a los precios, golpeando aún más el poder adquisitivo de las familias y profundizando la caída del consumo, lo que probablemente agrave la precarización del mercado de trabajo. Al mismo tiempo, el aumento de la tasa de interés y la incertidumbre respecto a las políticas a tomar por un posible nuevo gobierno, paralizan cualquier tipo de inversión productiva.

Las exportaciones continuarán siendo un atenuante de la recesión ante la mejora del tipo de cambio real, aunque los nuevos controles sobre la liquidación y el giro de divisas al exterior, actúan como desincentivos para su crecimiento.

Esta dinámica no prevé un cambio de composición en el mercado de trabajo en el corto plazo, incluso es posible que se acentúe. La proliferación de los puestos de trabajo informales y de las actividades cuentapropistas continuará ganando terreno, en tanto no se observe una reactivación económica que permita un aumento del empleo de calidad.

(Fuente: Ecolatina)